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En la sede CTERA nacional , frente a numeroso pùblico, la Secretaria General de CTERA Stella Maldonado, Jose Schulman Secretario de Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Marcos Campos responsable de la editorial Cartago presentaron el nuevo libro de Eduardo Rosenzvaig. Menos que un recuerdo. A continuacion el texto leido por el autor.
TRES CICLOS HISTÓRICOS Y LOS JÓVENES 1. El ciclo de las dictaduras latinoamericanas diseñadas en los laboratorios militares estadounidenses, vino a disciplinar a la juventud con campos de concentración. Cuando ya no se pudieron sostener llegó el 2º ciclo. 2. 150 Institutos de investigación en los EE UU diseñaron y monitorearon las democracias con ajuste sobre los jóvenes, centralmente, aunque también se incluyó a los viejos entre las víctimas. Fue el segundo ciclo. Se dejó a los jóvenes sin nada, a la intemperie, durmiendo en los umbrales de los Bancos. La ley Federal de Educación fue algo así como un laboratorio posmoderno, un ensayo de si se puede educar desde adentro de los Bancos a los chicos que duermen en los umbrales. 3. El tercer ciclo lo estamos viviendo. Estalló la indignación. Latinoamérica se cubre de proyectos emancipadores. El segundo ciclo del consenso de Washington se derrumba con el martillo de este sueño de Bolívar. Estados Unidos reúne a los 150 institutos de investigación y al Pentágono ahora para otro experimento: la inseguridad. Si en el primer ciclo los jóvenes fueron eliminados, en el segundo umbralados, en el tercero las derechas se proponen hacerlos causantes del mal. Todo el mal. Todos los horrores del capitalismo son asignados a quienes lo sufren. Muerto Neustadt, el agitador callejero de las consignas de las derechas, Tinelli, Susana y Mirtha promueven ahora la guerra santa contra los jóvenes. Los jóvenes son lo que los terroristas para Bush. Son lo que los afganos para Obama. Son lo que los indios para don Pedro de Mendoza. Los jóvenes de los umbrales son culpables de la inseguridad de los Bancos. Hoy a la mañana lo vi a don Pedro de Mendoza desde un café en la esquina frente a Parque Lezama. Desde allí escribí estas líneas. Está en ese lugar armado con coraza, botas, una larga espada, casco. La estatua de bronce parece la representación de un marine desembarcando en Irak. Un marine hecho de metal. Atrás está, sobre la piedra, la silueta de un indio, sin espesor. Cavado apenas en la piedra. Como la sombra del otro volumen metálico y poderoso delante. Esa sombra de indio levanta los brazos al cielo agradeciendo a sus dioses la llegada metálica del conquistador que lo va a dejar sin volumen precisamente, apenas una sombra representada en actitud servil. Los procesos emancipatorios latinoamericanos promueven sacar hoy a los viejos indios, ahora jóvenes, del papel de sombras, darles carnaduras, no metálica, sino subjetiva. Las derechas se empeñan en que levanten los brazos agradeciendo a los Bancos de bronce. Se han encendido en este tercer ciclo, los actos vindicadores de los horrores del primero. Se llevan a juicio a los victimarios. Este libro –Menos que un recuerdo- pretende ser apenas un aporte dedicado a los jóvenes. Quiero decir con Walter Benjamin que sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza, aquel historiador que sabe que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo. Las empresas que financian a Tinelli, Legrand, Giménez son las mismas que llaman a los jóvenes a mirar lo que otros consumen y las mismas que llaman a matarlos en la calle como a perros, cuando a los chicos les entra la ira de tanto mirar lo que no consumen. Grondona llama a reestablecer el respeto a la familia cristiana formada entre los Hijos robados del primer ciclo con sus Padres adoptivos ganadores del segundo ciclo. Una familia cristiana ideal donde la memoria quede sepultada con las ganancias en cualquier ciclo. Una familia cuyo sentido es no salvar a los muertos. Que ni siquiera los muertos estén a salvo del enemigo, repetimos con Benjamin. Este pequeño aporte entre la historia y la literatura, que es menos que un recuerdo, dedicado a los jóvenes de cualquier ciclo, tiene la pretensión de un refucilo. La esperanza es apenas un refucilo en la historia, donde todo es oscuro pero, de golpe, la luz llegada del cielo de los hombres ilumina todo lo que en ese segundo debemos levantar para las generaciones venideras. Tinelli es la parodia de la cultura popular. Legrand es la parodia de la hora del almuerzo donde todos comen. Susana Giménez es la parodia de la solidaridad con los chicos de la calle, abusados por un cura socio de la conductora que, también, les robaba el almuerzo. Grondona es la parodia de Cristo. Cuatro éticas delictivas promueven la seguridad del país. Cuatro máscaras promueven un país enmascarado. Hay que traer el horror de la historia, que les pertenece a los cuatro, que es la ropa que tiraron en el camino, para exigirles se las coloquen cuando hablen de seguridad. Don Pedro de Mendoza les pertenece en esa estatua metálica de la esquina de Parque Lezama. Ahí están los cuatro con la espada, y los medios y los Bancos. Son las máscaras de un prototipo cuya metáfora comenzó con una “escuelita” rural en Famaillá convertida en campo de concentración y con un maestro asesinado de cien balazos. Eduardo Rosenzvaig, diciembre de 2009 |